Aquellos “desastrosos” años; mitos y errores alimentarios de nuestra más tierna infancia.

Lo confieso, esta va a ser una de esas entradas “experimento” que alguna vez he escrito en este espacio. Una trata de seguir como un esquema a la hora de buscar temas para tratar en las entradas del blog, pero a veces, llámales impulsos creativos, llamáles “creoqueestopuedeserbuenaidea“, se me da por pensar en entradas que se alejan un poco de la dinámica habitual de este blog. La inspiración para esta ocasión, me vino a través del constante y continuo bombardeo en redes sociales sobre noticias relacionadas con el movimiento antivacunas, el tratamiento terapeútico vía homeopatía o las formas educativas que ejercen algunos padres sobre sus tiernas e inoncentes criaturas, que con el mayor de los respetos y sin querer caer en desprestigios o prejuicios previos y/o sin fundamento, hace que los que aún no somos progenitores y algunos de los que ya lo son, los tildemos de “malos padres y madres“. Cómo la que escribe, ante todo intenta ser lo más objetiva y racional posible en todas y cada una de las caras de la vida, qué mejor que empezar a criticar lo que mi santa madre hizo conmigo y lo primero que se vino a la cabeza, fueron los mitos y errores alimentarios más escandalosos a los que fui sometida cuando aún no era consciente ni de lo que era mi propia existencia. Así que si quieres saber cuáles son éstos, ya sabes sigue leyendo y si quieres, te animo a que incluyas en comentarios algunos otros que tú también hayas sufrido o hecho sufrir a tus hij@s! Let’s go (que dirían los ingleses)! 

Primer mito y/o error alimentario de mi infancia: “Qué la niña tome vino Sansón, que le abrirá el apetito“.                                                                                                          Sí, así era amig@s. Entre los 4 a los 8 años, podría decirse que era una niña alcohólica (y la etiología de este sinsentido ni tenía que ver con el apetito, que una siempre ha sido de plato lleno, el caso era que aún comiendo bastante, era “quisquillosa” con lo que comía (y en cierta manera, lo sigo siendo), así que mi madre, intentaba de todas formas hacer que yo comiera de todo). El vino Sansón, también conocido cómo Gran vino Sansón, es un vino dulce elaborado con uvas blancas de las variedades Macabeo y Airén, al que se le añaden mostos e infusiones de plantas aromáticas previamente maceradas, siguiendo unas “fórmulas y elaboraciones secretas guardadas con mimo de generación en generación“. El resultado es “una bebida dulce única en el mundo, de contenido alcohólico moderado, muy digestiva y a la que se le han atribuido propiedades estimulantes e incluso mágicas“. Por favor, prestar mucha atención a esto último, razón por la cuál, muchos padres creían que si sus hijos tomaban este vino (en su defensa hay que decir, que la dosis por defecto era una o dos cucharadas antes de la comida, como un jarabe a lo bestia), comerían más y mejor y crecerían fuertes y sanos. Y de aquella no había grupos de Whatsapp, ni Facebook ni Twitter para difundir semejante teoría sin sentido. Sin duda, una de las mejores campañas de marketing alimentario de la historia (bueno, otra sería el caso de los Actimeles que también explica JM López Nicolás en estas entradas (1,2,3) de su blog “Scientia”). El consumo de alcohol, sea de alta  o baja graduación (como parece ser en este caso), se asocia a acidosis metabólica, hipoglucemia (no se forma tanta glucosa por medio de la gluconeogénesis) hipertrigliceridemia, hiperlipoproteinemia (se potencia la lipogénesis), hipoproteinemia, hipovitaminosis (sobre todo de la vitamina B12 y B1) y aumento de la diuresis (puedes leer aquí más sobre el metabolismo del alcohol). ¡Vamos, lo ideal para un organismo en crecimiento! Un claro ejemplo de “modas alimentarias” sinsentido y no basadas en ninguna evidencia científica. Otras variantes, son el brebaje de huevo, azúcar y vino dulce o brandy, conocido como  Candié o el ponche de vino tinto calentado y reducido con azúcar y agua que también me daban de pequeña, a modo de “vino apto para menores” (a lo Champín cuando se celebraba algo). Será por el contacto desde tan temprano, pero a día de hoy, puedo prometer y prometo que soy prácticamente abstemia (sólo me gusta la cerveza). Aquí os dejo otro testimonio de la influencia dietoterápica del vino Sansón en el crecimiento y este gran repaso a esta moda de la bebida alcohólica apta para niños, por parte de “El comidista“. A pesar de todo, seguimos vivos, no participamos en las reuniones de AA (Alcohólicos Anónimos) y con los niveles de transaminasas en sus valores normales. 

Segundo mito y/o error alimentario de mi infancia. “Si la niña tiene fiebre, tendrá la acetona alta y para que le baje, déle Coca Cola“.                                                          En esto sí que, aunque sea un error nutricional, si que tiene cierto sentido basado en la ciencia, así que vamos a intentar explicarlo. Cuando un niño sufre un estado febril como respuesta a una infección y/o inflamación (que pueden corresponderse con un aumento de glucagón en sangre, que inhibe la acción de la glucosa y con ello, la glucolisis), acompañado de episodios de vómitos y/o ayunos prolongados por falta de apetito, puede sufrir lo que se conoce como cetosis infantil. Esta alteración metabólica del metabolismo de la glucosa (se inhiben la glucolisis y la glucogenolisis y se activa la neoglucogenésis, lipolisis y la cetogenesis) provoca un aumento de la concentración de cetonas o cuerpos cetónicos en el plasma sanguíneo (también conocido como hipercetonemia). El acetil-CoA acumulado por inhibición de la glucolisis se transforma finalmente en acetona y ácido betahidroxibutírico (β-hidroxibutirato), siendo la acetona la que se detecta por medio de unas tiras medidoras de acetona en orina. También puede detectarse un exceso de acetona producida por la cetosis, por el característico su olor “afrutado” del aliento (fétor cetonémico), pues otra de las formas de excrección de este cuerpo cetónico, además de la orina (cetonuria), es la exhalación respiratoria. Lo que busca el organismo con la cetosis es suministrar de una forma rápida energía al cerebro, pues los cuerpos cetónicos junto con la glucosa son los únicos compuestos energéticos capaces de atravesar la barrrera hematoencefálica y sufrir los procesos catabólicos que darán lugar a la obtención de energía por parte de las células. Este estado fisiológico de cetosis, es muy conocido por todos aquellos que han seguido dietas de moda como la dieta Atkin y/u otras dietas cetógenicas, pero es preciso diferenciarlo del estado patológico conocido como cetoacidosis diabética, que entre otras cosas puede llegar a producir la muerte por una alteración del pH sanguíneo (acidosis metabólica) y una deshidratación total (provocada por la diurésis osmótica renal de la glucosa). ¿Y por qué se nos daba Coca Cola en estos casos? Pues por dos razones: la primera, por su elevado contenido en azúcar que favorecía la salida del estado de cetosis y por otro, al ser un líquido, favorecía el restablecimiento del equilibrio hídrico a nivel renal, reduciendo la diuresis osmótica renal de la glucosa.  A diferencia del caso del vino Sansón, aunque sea entendido como una beneficiosa campaña “sin querer queriendo” por parte de la multinacional de bebidas carbonatadas, no quita que no tenga un cierto sentido “científico”. Sin embargo, esto hoy en día con el elevado número de niños que presentan obesidad infantil causada entre otras muchas razones, por un consumo inadecuado de bebidas carbonatadas ricas en azúcares simples, es y resulta escandaloso. Con un aporte adecuado de hidratos de carbono (ej: frutas, cereales integrales) y una buena dieta que evite hipoglucemias reactivas (causa altamente probable de mis cetosis infantiles) y/o ayunos prolongados, pueden considerarse como los mejores tratamientos frente a estos estados fisiológicos anormales. Personalmente, he de confesar que cuando sufría episodios de fiebre prolongada a uno o dos días, acompañados frecuentemente de episodios de cetosis en los que, además de ser días que no iba al cole por estar “malita”, disfrutaba un montón de las circunstancias, puesto que podía beber Coca Cola las veces que quisiera, con excusa médica. He pasado de eso a consumirla 1 o 2 veces al año, como mucho. 

Tercer mito y/o error alimentario de mi infancia. “Para crecer, hay que comer dos petit suisses a la merienda“.                                                                                                    ¿Se acuerda alguien de aquel famoso eslogan “A mí de pequeño, me daban dos“?

Pues yo sí, porque no sólo me daban dos, sino tres o cuatro. Estoy hablando del único postre lácteo (junto con los smoothies de fruta variada y leche que bebía en el biberón) que tomaba de pequeña: los petit suisses. Sería por la consistencia o por su sabor, pero yo no me saciaba con ellos. El motivo por el cuál mi santa madre aprobaba el consumo incansable de petit suisse por mi parte, en parte se puede intuir en el mensaje que quiere transmitir el anuncio que se puede ver arriba; ¡si te comías los petit suisse, crecías y te ponías súper fuerte! Partiendo de la base de que crecimos en una época donde uno de los deportistas más exitosos era un jugador de baloncesto de casi dos metros de altura y que una de nuestras canciones infantiles más cacareadas era la de “Quisiera ser tan alta como la luna“, pues… quién no quería ser alt@? Y Danone, como buena multinacional de la alimentación, recogió el guante. El petit suisse es un tipo de queso fresco sin sal semidesnatado, suave y cremoso, con sabor a fresa. Aunque su origen se remonta al 1850 en la región de Normandía (Francia), hoy en día su aspecto y nombre están asociados cultural y legalmente a Danone. En cuanto al aporte nutricional que sea responsable de que comiendo petit suisses podamos crecer y ser altos, encontramos lo siguiente: Además de la cantidad de azúcar añadida (azúcar, fructosa, jarabe de glucosa y almidón modificado) que asciende a entre 11,2-13,6 g/100g de alimento (casi el 6% por unidad), encontramos que el contenido de calcio equivale a 180 mg/100g de alimento y el de la vitamina D 1,25  µg/100g de producto (cómo se puede ver en las fotos de las etiquetas de dos versiones del petit suisse de Danone, cortesía de la web “Biografía de un plato” y del blog “Recetas sanas y fáciles“, respectivamente). Teniendo en cuenta que las CDR (Cantidades Diarias Recomendadas) para el calcio en niños de 1 a 3 años son de 700 mg/día, de 4 a 8 años ascienden a 1000 mg/día y de 9 a 18 años, 1300 mg/día, el petit suisses es una buena fuente de calcio pero ni de lejos es la fuente dietética mayoritaria de calcio (ej: sardina, cereza, higos, berros o el marisco). En cuanto a la vitamina D, las CDR para niños de 1 a 18 años son de 600 UI (15 µg/día), el petit suisse va justo en contenido de vitamina D (otras fuentes alimenticias de vitamina D son las setas, arenques, salmón o caballa). Aquí comparto una buena revisión sobre el papel del calcio y la vitamina D en el crecimiento durante la etapa infantil. En este otro artículo, además se nos dice que en un estudio en donde se evaluaba el papel de la absorción de calcio sobre el crecimiento, se vio que entre un grupo que se le administraba un suplemento de carbonato de calcio y otro placebo, sólo se conseguía un aumento de altura de 7 mm. Además, se establece que aún queda mucho por definir en la relación causa-efecto entre un mayor consumo de calcio y el aumento de la estatura corporal (no quita que no sea vital un consumo adecuado de este micronutriente durante esta etapa vital tan comprometida con el crecimiento). Tampoco se debe olvidar el papel del fósforo en esta tríada de nutrientes para crecer sanos y fuertes (puedes leer el efecto del metabolismo del fósforo frente al del calcio y la vitamina D), de cuya presencia en el petit suisse no dispongo ahora de datos. Así que, sí como fuente adicional de calcio bien, pero como alimento adecuado para una buena nutrición en esa etapa de crecimiento tan imporante. Eso sí, ricos sí que están y por su textura tan cremosa y su sabor más dulce que el yogurt normal, reúne buenas características como alimento que se ingiere fácilmente (vamos que “gusta” más). Al igual que en los otros casos, en mi etapa infanto-juvenil cubrí todo el cupo de petit suisse de por vida. Y no, nunca llegué a ser como Pau Gasol, en todo caso, soy capaz de pasarle un poco por encima (con todo el cariño) a Danny DeVito (aunque bueno, si os soy sincera, sobre este particular, de pequeña tenía otra visión “científica” del asunto, pues creía que yo no crecía porque no tomaba Cola Cao para desayunar, bendita inocencia!).

Y hasta aquí mi repaso a los principales despropósitos alimenticios que viví en mi infancia. Espero que si también fuisteis sufridores de alguno de ellos, hayáis sobrevivido sin efectos colaterales y en el caso de que conozcáis otros ejemplos similares, los compartáis en los comentarios.

¡Nos “leemos” en la próxima entrada!                                                                                 TatianaDC

Fuentes:                                                                                                                            Prentice, A. et. al. “The effect of prepubertal calcium carbonate supplementation on the age of peak height velocity in Gambian adolescents” American Society for Nutrition (2012) https://en.wikipedia.org/wiki/Ketone_bodies                  http://en.wikipedia.org/wiki/Ketoacidosis https://www.aepap.org/sites/default/files/diabetes08.pdf  http://www.grupobodegaspalacio.es/bodegas/otras-lineas-de-negocio/sanson/gran-vino-sanson/                                        http://recetassanasfaciles.blogspot.com.es/2012/10/albondigas-de-salmon-y-cata-danonino.html                                                                                http://biografiadeunplato.com/el-reto-del-buen-yogur/

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