Aquellos “desastrosos” años; mitos y errores alimentarios de nuestra más tierna infancia.

Lo confieso, esta va a ser una de esas entradas “experimento” que alguna vez he escrito en este espacio. Una trata de seguir como un esquema a la hora de buscar temas para tratar en las entradas del blog, pero a veces, llámales impulsos creativos, llamáles “creoqueestopuedeserbuenaidea“, se me da por pensar en entradas que se alejan un poco de la dinámica habitual de este blog. La inspiración para esta ocasión, me vino a través del constante y continuo bombardeo en redes sociales sobre noticias relacionadas con el movimiento antivacunas, el tratamiento terapeútico vía homeopatía o las formas educativas que ejercen algunos padres sobre sus tiernas e inoncentes criaturas, que con el mayor de los respetos y sin querer caer en desprestigios o prejuicios previos y/o sin fundamento, hace que los que aún no somos progenitores y algunos de los que ya lo son, los tildemos de “malos padres y madres“. Cómo la que escribe, ante todo intenta ser lo más objetiva y racional posible en todas y cada una de las caras de la vida, qué mejor que empezar a criticar lo que mi santa madre hizo conmigo y lo primero que se vino a la cabeza, fueron los mitos y errores alimentarios más escandalosos a los que fui sometida cuando aún no era consciente ni de lo que era mi propia existencia. Así que si quieres saber cuáles son éstos, ya sabes sigue leyendo y si quieres, te animo a que incluyas en comentarios algunos otros que tú también hayas sufrido o hecho sufrir a tus hij@s! Let’s go (que dirían los ingleses)! 

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