Aquellos “desastrosos” años; mitos y errores alimentarios de nuestra más tierna infancia.

Lo confieso, esta va a ser una de esas entradas “experimento” que alguna vez he escrito en este espacio. Una trata de seguir como un esquema a la hora de buscar temas para tratar en las entradas del blog, pero a veces, llámales impulsos creativos, llamáles “creoqueestopuedeserbuenaidea“, se me da por pensar en entradas que se alejan un poco de la dinámica habitual de este blog. La inspiración para esta ocasión, me vino a través del constante y continuo bombardeo en redes sociales sobre noticias relacionadas con el movimiento antivacunas, el tratamiento terapeútico vía homeopatía o las formas educativas que ejercen algunos padres sobre sus tiernas e inoncentes criaturas, que con el mayor de los respetos y sin querer caer en desprestigios o prejuicios previos y/o sin fundamento, hace que los que aún no somos progenitores y algunos de los que ya lo son, los tildemos de “malos padres y madres“. Cómo la que escribe, ante todo intenta ser lo más objetiva y racional posible en todas y cada una de las caras de la vida, qué mejor que empezar a criticar lo que mi santa madre hizo conmigo y lo primero que se vino a la cabeza, fueron los mitos y errores alimentarios más escandalosos a los que fui sometida cuando aún no era consciente ni de lo que era mi propia existencia. Así que si quieres saber cuáles son éstos, ya sabes sigue leyendo y si quieres, te animo a que incluyas en comentarios algunos otros que tú también hayas sufrido o hecho sufrir a tus hij@s! Let’s go (que dirían los ingleses)! 

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El calcio, el mineral más diplomático de tu cuerpo.

En el habitual repaso a los principales micronutrientes presentes en nuestra dieta, ya era hora de que hiciera un pequeño repaso sobre el metabolismo del calcio por su gran importancia durante el desarrollo y crecimiento físico entre la niñez y la adolescencia, en la enfermedad renal crónica y en otras patologías relacionadas directa o indirectamente con el aporte dietético habitual. Además es uno de los micronutrientes que más diplomático se puede considerar puesto que, sin estar en todas partes, su acción como segundo mensajero intracelular interactúa con “todos y entre todos” los tejidos y sistemas para mantener el correcto equilibrio intra y extracelular de moléculas, tan propio de nuestro organismo. Si quieres descubrir toda la red diplomática del calcio, sigue leyendo esta entrada.

Calcio

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Que Popeye y sus espinacas no te engañen: las particularidades del metabolismo del hierro.

¿Te acuerdas de aquel marinero tan simpático que, cuál super héroe de Marvel, tras comer una lata de espinacas, se hacía extremadamente fuerte y combatía a cualquier adversario, con un golpe de su puño? Sí al igual que yo, eres un nostálgico de los cómics, dibujos animados o cartoons de antaño, seguro que te acordarás de Popeye, el Marino, Olivia y demás personajes creados por Elzie Crisler Segar. Te preguntarás entonces qué, que tiene que ver ahora esto con el blog, pues sencillamente, porque en esta entrada, trataremos de desmontar la idea de que vegetales como las espinacas o legumbres como las lentejas, son los alimentos que más hierro aportan al organismo y más “fuerza” nos dan, haciendo un pequeño repaso al hierro y su metabolismo. Así que, si quieres saber más sobre esto, ya sabes que hacer, sigue leyendo y verás que no todo es cómo parece.

Popeye, el Marino

El hierro (Fe) es un oligoelemento esencial para el organismo, encargado de realizar varias funciones, destacando: el transporte de oxígeno, la oxidación mitocondrial, la síntesis del DNA, de hormonas y del tejido conectivo o de catalizador proteico (citocromos, catalasas, peroxidasas, etc). El hierro en el organismo se encuentra, principalmente, en tres formas principalmente; un 60-70% como hierro funcional, formando parte de la hemoglobina (proteína de los glóbulos rojos (hematíes) que transporta el oxígeno de los pulmones al resto del cuerpo, a través de la circulación sanguínea) y de la mioglobina (encargada de transportar el oxígeno a los músculos), un 20-30% como hierro de reserva, unido a ferritina (cada ferritina puede almacenar hasta 4500 átomos de hierro) y hemosiderina en hepatocitos, enterocitos y/o macrofágos y finalmente, un 0,1% como hierro circulante, unido a la transferrina. A pesar de que el hierro circulante, supone una ínfima cantidad del hierro corporal total, es muy dinámico, renovándose diez veces al día, a través de su absorción en el intestino delgado y su reutilización en el sistema retículo-endotelial (médula ósea, bazo, etc) por la destrucción de los hematíes viejos .

Alimentos con hierro

Porcentajes de hierro en los principales grupos de alimentos

El hierro que obtenemos de la dieta, aparece en dos formas: hierro hemo u orgánico (Fe +2) y el hierro no – hemo o inorgánico (Fe +3). Sigue leyendo