Hipoglucemias reactivas, un problema no exclusivo de diabéticos.

¿A las 3 o 4 horas posteriores de una comida, sientes un cansancio o debilidad inusual, tienes temblores en piernas y/o brazos, o sientes una sensación de hambre no explicable? Si has respondido afirmativamente a la mayoría de estas cuestiones, es probable que estés padeciendo lo que se conoce como hipoglucemia reactiva. Tranquil@, no te alarmes, se trata sólo de un desajuste de la homeostasis o equilibrio de los niveles de la glucosa en el organismo, que por sus molestos síntomas y por su general desconocimiento (sobre todo entre la población no diabética), he decidido dedicarle unas cuantas líneas en el blog, para darle más difusión y tratar de normalizar este problema, no exclusivo de personas diabéticas. Así que si quieres saber más, ya sabes lo que tienes que hacer a continuación. ¡Empecemos!

Hipoglucemia reactiva

La hipoglucemia reactiva es condición fisiopatológica, donde los mecanismos de contrarregulación de la glucosa en el organismo, se vuelven incapaces de equilibrar totalmente el consumo de glucosa que se produce en situación post-prandial, habitualmente durante las 4 horas post-ingesta, originándose un estado de hipoglucemia (con valores de glucosa en sangre menores a 60 mg/dl) que se acompaña de síntomas de diverso tipo. El primero en acuñar el término de hipoglucemia reactiva, fue Seale Harris, un médico e investigador americano que, en 1924, informó de cinco casos de pacientes no diabéticos que presentaban hipoglucemias en un período de tiempo posterior a la ingesta de comidas (período post-prandial). Según Harris, estas hipoglucemias reactivas, eran la otra cara de la diabetes mellitus; es decir, si la diabetes mellitus se caracterizaba por una ausencia o deficiencia en los niveles de insulina, las hipoglucemias reactivas, se debían a un exceso de insulina o una alteración de la curva de tolerancia de la glucosa.

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Intolerancia a la lactosa, una cuestión mas allá de la “mala leche” intestinal.

Aquí estamos otra vez más, dedicándole en esta ocasión, una entrada a una de las intolerancias alimentarias más conocidas (o eso creemos) por tod@s: la intolerancia a la lactosa. Se ha detectado que 57 de cada 100 personas (el 57%)  se “auto – diagnostican” como intolerantes a la lactosa, cuando realmente tras el diagnóstico diferencial se observa que no tienen condición de intolerantes a la lactosa, a la vez que, otras personas (32 de cada 100) que, aparentemente no manifiestan los síntomas propios de la intolerancia a la lactosa tras la ingesta diaria de productos lácteos, al ser sometidos a un diagnóstico diferencial, se confirma su condición de intolerantes a la lactosa. Así que, considero que es una buena idea la de recopilar información sobre el tema, para evitar que los porcentajes aumenten tanto por un lado como por otro.

Intolerancia a la lactosa

La lactosa, es un disacárido formado por la unión de una molécula de glucosa y una de galactosa mediante un enlace beta 1 -> 4 (están unidas por los átomos de carbono en posición 1 y 4, respectivamente). Se sintetiza exclusivamente en la glándula mamaria de los mamíferos por acción de la lactosa

Lactosasintetasa y constituye así, el azúcar predominante en la leche, siendo el único alimento digerible al nacimiento de crías de mamíferos. De todas las leches producidas por mamíferos, la leche humana es la que mayor contenido en lactosa presenta; hasta un 9 % de la lactosa presente en la leche humana, se encuentra en forma libre o unida a glucolípidos (4,7% si se trata de leche de vaca o de oveja).

La enzima encargada de que toda la lactosa presente en la leche y otros productos lácteos ingeridos en la dieta, es la lactasa o lactosa-floricina hidrolasa (LPH), una beta-galactosidasa ubicada exclusivamente en el borde en cepillo de los enterocitos apicales de las microvellosidades intestinales, principalmente en la región del yeyuno e ileon proximal del intestino delgadoSu concentración a la largo de la mucosa intestinal, es de las más bajas de entre las demás disacaridasas intestinales (maltasa o sacarasa), y es la única que no ve inducida su actividad enzimática por el aumento en la dieta de su principal sustrato, la lactosa; no ocurre lo mismo, si hablamos de la maltasa o la sacarasa, que si ven inducida su actividad enzimática, por una mayor concentración de su sustrato en la dieta.

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