Del laboratorio a la cocina, un breve repaso sobre la técnica del baño María.

La entrada de hoy está dedicada a la técnica del baño María, una técnica que, sin llegar a ser muy sofisticada ni requerir de una instrumentalización compleja para su puesta en práctica, es ampliamente conocida y utilizada tanto en cocinas como en laboratorios. Esto es, tanto nos sirve para derretir una tableta de chocolate para realizar una cobertura como para determinar la actividad enzimática o inactivación de ciertas enzimas, realizar pruebas de aglutinización de antígenos en serología así como, para favorecer la disolución de sales en una disolución acuosa.

Esta técnica, conocida en francés como bain Marie, en latín como balneum Mariae o double boiler en inglés, se utiliza en la cocina, en los laboratorios así como en industrias farmacéuticas, conserveras, cosméticas o de alimentos, como un método mediante el cual se consigue conferir una temperatura uniforme generando un calentamiento gradual, suave y mantenido en el tiempo sobre sustancias (sólidas o líquidas) que no pueden estar en contacto directo con la fuente de calor. Se trata de un calentamiento indirecto, donde se emplea el principio de la convección térmica para generar el transporte y reparto homogéneo de calor entre los diferentes compartimentos del baño María.

Un baño María puede tener distintas formas, tamaños o presentaciones pero es común en todos ellos la presencia de los siguientes compartimentos:

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