El curioso caso de las patatas transgénicas, avances y fracasos a la par.

Hace unos días, un adolescente al que voluntaria y buenamente ayudo con sus tareas escolares (e intento inculcar una buena cultura de conocimientos), me comentó que iba a presentar un trabajo para su clase de biología, sobre la patata, sus variedades y sus características principales. He de confesar que, automáticamente me emocioné (no os lo voy a negar) ya que esta ocasión suponía, una buena oportunidad para introducirle de lleno en el mundo de la divulgación de los conocimientos científicos. Así que, me dispuse con él a buscar bibliografía y a partir de ahí, surgió la idea de esta entrada, dedicada a las patatas transgénicas.  Pues allá vamos con ella; ya si eso, luego me decís si al igual que él, me merezco el notable o el sobresaliente.

Planta de la patata

La patata (Solanum tuberosum), es una planta de la familia de las solanáceas, cultivada en más de 125 países y regiones del mundo y con un rendimiento total de 40 millones de dólares por cosecha. Este tubérculo, no es más que un tallo subterráneo engrosado y desarrollado para acumular los nutrientes de reserva para la planta de la patata. Estos nutrientes de reserva, son fundamentalmente agua (78%) y almidón (18%). El 4% restante, se completa con cantidades variables, según la especie, de proteínas, minerales, vitaminas y grasas. Es sobre el almidón y el contenido de proteínas principalmente sobre los cuales se han centrado los estudios de ingeniería genética destinados a modificar y/o mejorar la calidad nutricional de las patatas. 

El almidón es un homopolisacárido presente en forma de gránulos de tipo cristalino en los tubérculos de la planta de la patata, representando el polisacárido más abundante e importante para la industria, del conjunto de hortalizas y vegetales. Aunque se trata de  un homopolisacárido, está compuesto por la mezcla de dos tipos de polisacáridos, presentes en distintos porcentajes según la variedad de patata estudiada:

a) Amilopectina -> polisacárido altamente ramificado (con ramificaciones cada 25 o 30 monómeros de glucosa y enlaces éster fosfato en posición O-6), con elevado peso molecular, que representa el 75% del almidón de la patata (el 100% en las semillas de cereales). Es la principal responsable de la cristalinización del gránulo de almidón en los amiloplastos.                                                              b) Amilosa -> polisacárido no ramificado, con un peso molecular menor que el de la amilopectina, que representa entre el 20 al 25% del total del almidón presente en las patatas y el 50-75% en las semillas de cereales. Es la principal responsable de las características reológicas (gelatinización y retrogradación) del almidón durante su procesamiento hidrotérmico.

Amilosa y amilopectina

El almidón presenta unas propiedades funcionales de gran importancia y excelentes para muchos procesos de las industrias alimenticias (como aditivo alimentario en sopas, purés o pasteles) pero también para otras industrias como la papelera, la textil, la química o la del envasado/embalaje (gran potencial como productor de polímeros de naturaleza degradable). No obstante, el almidón de las patatas por algunas de sus características, requiere de una serie de modificaciones químicas a realizar antes de usarse en la industria; en dicha modificación, se requiere energía y presencia de agua, lo que lleva a que se pueda aumentar los costes económicos, de producción y medioambientales en su uso y aplicación en las industrias.

Uno de los primeros avances biotecnológicos realizados sobre la patata, fueron los destinados a mejorar el proceso de síntesis del almidón, para mejorar su calidad, de cara a su aplicación a nivel industrial o su uso como aditivo alimentario. La primera empresa biotecnológica que abordó este aspecto, fue la empresa alemana Basf Plant Science, quién diseñó después de años de ensayo en sus centros de investigación al sur de Alemania, la variedad de patata transgénica EH92-527-1, conocida como patata tipo “Amflora”.

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Índice glucémico vs Carga glucémica

Con motivo del Día Internacional de la Diabetes, el pasado 14 de noviembre, me gustaría dedicarle una entrada del blog al índice glucémico, un valor relativamente desconocido para el gran público, pero que deberían conocer todas las personas por su elevada importancia en el control de la diabetes o de los niveles de glucosa en sangre. Como se puede ver en el nombre del título, también trataré el término de carga glucémica, puesto que considero que también debe ser conocido por iguales razones que en el caso del índice glucémico.

La carga glucémica, se define como el valor del índice glucémico de una porción cuantificada (en gramos, ml o gramos por ración) de un alimento y se obtiene mediante un cálculo matemático. Multiplicando el valor de la cantidad de hidratos de carbono disponibles en esa porción cuantificada del alimento, por el valor de su índice glucémico y posteriormente, dividiéndolo por 100, obtendremos el valor de su carga glucémica. Se trata de un valor que midepor tanto, la cantidad de hidratos de carbono presentes en los alimentos y el efecto glucémico e insulogénico que ejercen, valorando la relación entre cantidad de hidratos de carbono consumida y el efecto que se genera sobre la mayor o menor elevación de la glucemia post-ingesta y una mayor o menor respuesta insulínica.

Gráfica Carga glucémica

El índice glucémico (IG), se define como el área bajo la curva que describe el efecto sobre la glucemia post-prandial (post-ingesta) que ejerce un determinado alimento, expresada en porcentaje de respuesta a la misma cantidad, pero en este caso, de un alimento control. Se trata de un concepto nutricional que determina la calidad de un hidrato de carbono (relacionado con la fuente y/o naturaleza del mismo) siendo considerado una fuente fiable para la clasificación de los distintos hidratos de carbono (alternativa a la antigua clasificación que diferenciaba azúcares simples de azúcares complejos) y gracias a la cual, podemos obtener nuevos conocimientos relativos a los efectos que el consumo de alimentos, más o menos ricos en hidratos de carbono, pueden producirse sobre el estado general de salud de una persona. En definitiva, se trata de medir cuanto un alimento eleva la glucemia en el estado post-prandial, comparando la elevación que produce la misma cantidad de glucosa o pan blanco, sin olvidar, el efecto de factores genéticos, hormonales y metabólicos que también participan en esta variación.

¿Como se mide el índice glucémico de los alimentos?

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