Un manjar delicado escondido en las profundidades de la tierra: las trufas.

Pues si, aquí estamos de nuevo. Aunque tarde, estamos de nuevo. Porque esta “cocina”, siempre estará abierta aunque no siempre pueda escribir en ella (cosas de la vida offline que me secuestran y no hay manera de que me organice bien). Y para volver a modo de cierre de este año, quería escribir una entrada sobre uno de los alimentos que más curiosidad me traen por dos razones fundamentalmente: una, por su método de extracción tan peculiar y a la vez tan sencillo y dos, por su alto valor gastronómico (establecido por alguna de sus características organolépticas). ¿Quién no ha escuchado alguna vez en algún programa culinario de la televisión, sobre todo los talents shows, que se condimentaba el plato con un poco de ralladura de trufa? ¿Quién no se ha sorprendido del valor que se puede pagar por una pieza de trufas, sobre todo según su color? No sé vosotros, pero en mi caso, han sido muchas las ocasiones (además de tener una anécdota propia familiar con respecto a la recolección de las trufas), por eso quiero tratar de ahondar un poco más sobre que es una trufa, porque es tan valorada culinariamente y económicamente hablando. Así que si quieres saber más, ya sabes… Sigue leyendo!

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