Un tentempié científico con… Deborah G. Bello.

Al igual que el año pasado, para cerrar el presente año retomo esta sección tan particular como es la del tentempié científico, pequeñas entrevistas a grandes personajes del mundo de divulgación científica en español. En el primer capítulo de estos “tentempiés científicos”, contamos con la colaboración de D. Ángel Carracedo (puedes leerla aquí) y en el segundo capítulo, con el gran Xurxo Mariño (por si quieres leerla, aquí va). Para la tercera protagonista, era necesario contar con una mujer, porque ella lo vale y porque también creo que es necesario reivindicar el papel de la mujer no sólo en el campo de la ciencia, sino también en el ámbito de la divulgación científica. Y quién mejor para ello que Deborah G. Bello, aká DeborahCiencia alma máter del blog Dimetilsulfuro, una de las mujeres divulgadoras de mayor proyección en el panorama de la divulgación de la ciencia en castellano. Sinceramente, no podría decir cuál fue el momento en el que conocí a Deborah, simplemente apareció en un momento en el que yo andaba “buscándome de nuevo” en las redes sociales. Desde ese momento su trayectoria como divulgadora no ha dejado de crecer, así que creo que es uno de los tentempiés más motivadores que podréis leer. 

Deborah García Bello (A Coruña, 1984) es licenciada en Química por la Universidad de A Coruña (UDC), donde actualmente está realizando su tesis doctoral titulada “Divulgación científica a través de la relación entre la ciencia y el arte contemporáneo“. Como divulgadora está especializada en la relación entre la ciencia y el arte contemporáneo,así como es una clara defensora del pensamiento crítico y el escepticismo sobre todo en temas relacionados con la alimentación y la cosmética. Además de ser autora del blog “Dimetilsulfuro” (con el que consiguió el Premio Bitácoras en la categoría de Ciencia y Salud en 2014), colabora con un gran número de medios de comunicación como Naukas, Jot Down Cultural Magazine, Next Door Publishers y Efervesciencia, la sección de “Buenavida” de El País, el proyecto cultural “El observador de la Belleza” de L’Oréal así como el Cuaderno de Cultura Científica de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU) o la columna “Grafito” de la Voz de Galicia. Es redactora de de contenidos educativos en Lego® y autora de los libros “Megalomanía” (Ed. Vitruvio) y “Todo es cuestión de química” (Ed. Paidós), premio XXX Prismas de la divulgación 2017.

Ha sido la directora de las jornadas “Arte & Ciencia” en TopArte del Museo Guggenheim de Bilbao y la Cátedra de Cultura Científica de la UPV/EHU, celebradas durante el 2017. Ha impartido y coordinado decenas de charlas, congresos y cursos en entidades públicas y privadas y durante 8 años ha compaginado la divulgación científica con el trabajo de profesora de ciencias en Secundaria, Bachillerato y Ciclos formativos. A día de hoy compagina su labor como divulgadora científica en variados eventos de carácter científico, con su faceta como youtuber de ciencia en su canal “Deborahciencia

Es miembro de la Asociación Española de Comunicación Científica (AECC) y de la Asociación Gallega de Comunicación Científica y Tecnológica (AGCCCT). En 2016, consiguió el Premio Tesla de Divulgación Científica y ha conseguido ser semifinalista en el Premio Ciencia Jot Down 2017. 

Pregunta. Aprovechando tu conocido perfil divulgativo sobre la ciencia que se encuentra detrás del arte en general y del arte contemporáneo en específico, ¿consideras que podríamos explicar la existencia de este último dentro del concepto de arte de la misma manera que defendemos la existencia de ciencia básica dentro del contexto de la ciencia en general?

Déborah G. Bello. – No tiene nada que ver. El arte contemporáneo se llama contemporáneo porque es el que está sucediendo ahora. A principios del siglo XVII lo contemporáneo era el Barroco, por ejemplo.

Yo defiendo el arte contemporáneo porque es el arte del que conocemos su circunstancia, es el que nos habla a nosotros, a nosotros ahora. Forma parte de nuestra cultura contemporánea, igual que la literatura contemporánea, la música, el cine, la ciencia, etc.

Considero que necesita ser defendido porque está infrarrepresentado en nuestro sistema educativo y en los medios en general. En el instituto apenas se habla de arte, y todo lo que sucedió tras el Impresionismo, con las Vanguardias, desgraciadamente se obvia.

Sobre la ciencia básica he de decir que siempre se ha hecho. La ciencia básica es aquella que se hace sin una pretensión de aplicación inmediata, sino por ampliar el conocimiento. Yo siempre he defendido la investigación en ciencia básica porque es una forma de conocimiento pura. No necesita otra justificación más que el simple hecho de que satisface nuestra innata curiosidad. Esas inquietudes que nos definen como seres sensibles. Hay una fuerte componente estética y hedonista, en el sentido filosófico de ambas palabras, que me resulta fundamental para entender la importancia de la ciencia básica.

P. Siguiendo con el arte, existen numerosas referencias alimentarias en las diferentes etapas y/o escuelas artísticas, desde las más primigenias que reflejaban aspectos relacionados con la caza como las pinturas rupestres, pasando por los bodegones de las pinturas clásicas a la archiconocidísima lata de sopa de tomate Campbell del arte pop. Según tu punto de vista como persona con conocimientos sobre el arte ¿por qué el arte contemporáneo no tiende a tener en cuenta (o al menos no conocemos caso alguno) el creciente interés social por la alimentación y la nutrición, cómo si podemos ver en los casos más clásicos?

D.G.B. – Esto tiene que ver con la pregunta anterior. Por lo general, cuando pensamos en arte y comida, enseguida nos puede venir a la mente un bodegón de Zurbarán y tenemos la impresión de que son obras de arte importantes, que siempre lo han sido, pero realmente las obras de arte en las que aparece comida o naturalezas muertas como protagonistas han sido consideradas arte de segunda durante largo tiempo. No fueron consideradas importantes hasta hace poco. Apenas hay bodegones en las colecciones reales. En la colección del Museo de Prado, en sus orígenes, apenas había bodegones.

Hasta finales del siglo XIX, con la llegada del Impresionismo, el bodegón no había sido tratado como una forma elevada de arte. Gracias a este movimiento artístico empezó a despuntar la idea de que eran tanto o más relevantes otros aspectos de la pintura más allá de qué se está retratando. Hasta ese momento resultaban más meritorias las pinturas de historia o el retrato que cualquier otro género. Pero realmente a partir de la comida se pueden crear símbolos de lo social, incluso una interpelación costumbrista. La comida habla de estilos de vida, de comportamientos, de clases sociales, de estética…

En las pinturas de impresionistas como Van Gogh, Monet o Renoir aparece comida. En el siglo XX también. Es conocida la lata Campbells de Warhol. Pero también hay bodegones cubistas, futuristas, surrealistas, etc. Creer que no existen bodegones en el arte contemporáneo denota que el arte contemporáneo está infrarrepresentado, que se desconoce. Hay comida en las pinturas de artistas tan conocidos como Frida Kahlo, Juan Gris, Antonio López, Jasper Johns, etc.

En la actualidad, la representación de naturalezas muertas y de comida está a la orden del día. La artista Beatriz Lobo hace un uso extraordinario y muy sugerente de representaciones de mortadela o chicle en sus obras. La artista Tamara Feijoo, con la que trabajo frecuentemente, tiene obras magníficas de naturalezas muertas. Así que la comida se sigue representado en el arte y además goza de un prestigio del que antiguamente carecía. Eso sí, las cuestiones nutricionales no son las que más interesan al arte, sino que la comida aparece por motivos más profundos.

P. En tu libro “Todo es cuestión de química” dedicas un capítulo a la química en la cocina y en numerosas de tus actividades como divulgadora científica tocas temas de interés relacionados con esta temática. ¿Consideras que debería aprovecharse más este campo de la alimentación, nutrición y gastronomía para además de crear espíritu crítico, enseñar más ciencia?

D.G.B. – Casi cualquier cosa guarda cierta relación con la ciencia. El arte, la literatura, la música, el deporte… y obviamente también todo lo que rodea a la alimentación. A mí me interesa por varios motivos. La nutrición me interesa porque es un elemento fundamental para nuestra salud, y la gastronomía por todo lo que implica: cultura, tradición, arte, identidad…

La gastronomía me interesó siempre. Tal y como cuento en “Todo es cuestión de química” empecé a cocinar de pequeña, con mi abuela. Aprendí a hacer platos tradicionales, a disfrutar de sus rituales. Mi relación con la cocina es puramente romántica. Claro que la ciencia está detrás de todos esos procesos, desde los tiempos de cocción de cada uno de los ingredientes de un cocido, detrás de por qué hay que escaldar la verdura, detrás del dorado de una carne, del tueste del pan o de los merengues al horno. Todo lo que hacemos en la cocina es ciencia, incluso lo que hacemos por intuición responde a haber hecho ciencia. Al fin y al cabo, la cocina es el laboratorio que todos tenemos en casa.

Empecé a interesarme por la nutrición como lo hace la mayoría de la gente, para cuidarme. Me di cuenta de que toda la bioquímica que estaba aprendiendo en la carrera de Química me estaba sirviendo para entender qué hacía bien y qué hacía mal con respecto a mi alimentación. Esos conocimientos que fui adquiriendo me han ayudado a alimentarme con consciencia, es decir, a decidir con conocimiento qué consumo y en qué beneficia o perjudica a mi salud.

Hoy en día, en mi labor de divulgadora, cuento todo lo que he aprendido y, obviamente, sigo formándome. Hablar de alimentación es hablar sobre todo de ciencia. Para esto me apoyo mucho en el trabajo de los profesionales, los dietistas-nutricionistas. Mi labor es exclusivamente divulgar. Y siempre que alguien acude a mí con una consulta, con un problema nutricional, les derivo a un nutricionista.

Yo lo utilizo como una herramienta para hacer divulgación científica y, como dices, para despertar el espíritu crítico. Hay muchos hábitos alimentarios que seguimos por tradición, con la creencia de que son saludables, y no siempre es así. Hay que someter a juicio nuestras creencias y buscar las pruebas. Cuando derribas un mito sobre algo que toda tu vida has dado por hecho, algo tan sencillo como que al zumo no se le van las vitaminas, tu sistema de creencias se vuelve más exigente. Así se despierta el espíritu crítico.

P. Recientemente has iniciado una nueva andadura divulgativa como Youtuber de ciencia (puedes verlo aquí). Teniendo en cuenta el gran progreso y desarrollo de las diferentes redes sociales y su impacto en la sociedad, ¿crees que Youtube llegará a convertirse en el sucesor de los actuales blogs de divulgación científica a la hora de compartir información científica de calidad al gran público?

D.G.B. – No creo que Youtube sustituya a los blogs, del mismo modo que la televisión no ha sustituido a la radio, ni la radio a los libros. Youtube tiene su modo de hacer. Para mí ha descubierto otra forma de expresarme, otro código. Es más fresco, más ágil, más directo. Ante la cámara me expreso de una forma más desenfadada, como cuando les cuento algo a mis amigos. Realmente me imagino que detrás del objetivo está la gente que me sigue, como si estuviese con ellos en la vida real. De hecho, cuando me encuentro con algún seguidor por la calle me dicen “Eres igual que en los vídeos” y eso es bonito, es un valor añadido. Para divulgar y para toda profesión que sea de cara al público es fundamental ser real. No soporto la impostura. Ante una cámara estás al descubierto, se nota si eres tú mismo o un personaje.

Con respecto a la información científica, Youtube es un medio exigente. Primero por el despliegue tecnológico que implica. Si lo quieres hacer bien necesitas saber editar vídeo, controlar la luz, manejar el equipo audiovisual, cuidar la estética, etc. Igual que un blog tiene que ser estético, empezando por cómo escribes y obviamente con un buen diseño, un vídeo tiene que pasar ese filtro de calidad. Tienes que ser muy consciente de los tiempos, del ritmo, cuidar lo que quieres decir. Y segundo, tienes que concretar la información científica. Eso requiere tanto esfuerzo o más que preparar un artículo. Es exigente, pero he descubierto que me gusta y que gusta. Sólo llevo unos meses y ya tengo decenas de vídeos subidos y casi 5.000 suscriptores, así que estoy muy orgullosa y voy a seguir compaginando la escritura, con las charlas, con los vídeos y con lo que se tercie.

P. Actualmente se está viviendo como “boom de la divulgación”, siendo múltiples y muy variadas las actividades relacionadas con la divulgación científica que se están llevando a cabo por todo el territorio español. A mayores del evidente interés demostrado por el público frente a estas actividades, ¿opinas que el gran trabajo de organización, gestión y publicidad que están haciendo las diferentes organizaciones, asociaciones, cátedras y/o instituciones dedicadas a la divulgación científica también es gran responsable de este magnífico resultado o sólo es cuestión del interés verdadero de los espectadores? ¿Aconsejarías a quien empieza en este mundo que se asocie a alguna de ellas?

D.G.B. – La labor que están haciendo algunas organizaciones es fundamental en este “boom de la divulgación” del que hablas. Para que algo te interese primero tienes que saber que existe. Y sólo existe aquello de lo que se hace buena publicidad.

Juan Ignacio Pérez, director de la Cátedra de Cultura Científica de la UPV/EHU, dice que su labor es de agitación y propaganda en favor de la ciencia. Estoy absolutamente de acuerdo con él. Esa función de agitación y propaganda es la que más ha hecho por despertar el interés del público en la ciencia. Es cierto que parte de ese público ya tenía un interés previo. También estas organizaciones han creado una oferta cultural atractiva para ellos.

Por supuesto, aconsejaría a cualquier persona interesada en la divulgación científica que busque asociaciones acordes a sus intereses. Es una buena manera de estar al día de lo que se cuece, que suele ser mucho y afortunadamente, va a ir a más.

P. Para ver todo con una cierta perspectiva, ¿qué le aconsejarías a la Deborah que empezaba a divulgar años atrás, sobre lo que le esperaría experimentar en el mundo de la divulgación científica actual?

D.G.B. – Le diría “estás haciendo lo correcto”. Empecé con el blog a finales de 2012. Por aquel entonces trabajaba como profesora en un centro escolar y el blog era una extensión de mi trabajo, lo hice como un proyecto para mis alumnos de bachillerato. Sorprendentemente, ni el blog ni ninguna otra actividad divulgadora que tuviese que ver con las redes, estaba bien vista por la gerencia del centro escolar en el que trabajaba. El ambiente era tan inquisidor que llegué a cuestionarme si mantener el blog y mis redes sociales. Afortunadamente seguí con todo, no me autocensuré.

Por aquel entonces yo estaba muy preocupada por mantener ese trabajo de profesora, a pesar de que sabía que era algo temporal y de que era una empresa en la que ni mis valores, ni mi forma de entender la docencia, encajaban allí. Si hubiese actuado con miedo y hubiese cerrado mi blog y mis redes, con los años me habría encontrado sin trabajo y sin todo lo que he logrado gracias a la divulgación. Poco después de dejar de trabajar en ese centro me dieron el premio Bitácoras por el blog. Ese momento fue mi yo del futuro diciéndome “has hecho lo correcto”.

P. Y para terminar, ¿qué esperas y deseas en la ciencia y su divulgación durante el 2018?

D.G.B. – Todos los años repito un deseo: que se haga más y mejor ciencia, más y mejor divulgación científica. Trabajo duro para que ese deseo se cumpla cada año un poco más.

Además, tengo otros deseos que van en paralelo. Uno de ellos tiene que ver con las mujeres. Deseo que llegue el día en que todas las niñas que sueñen con dedicarse a la ciencia no sientan su condición de mujeres como una barrera para alcanzar sus objetivos. Realmente esto lo deseo para todas las profesiones y para todos los sueños. Ser mujer no debería condicionarnos. Para que este deseo se haga realidad, seguiré subiéndome a los escenarios a hablar de ciencia y seguiré llevando mi imagen de mujer como una bandera.

Para finalizar este tentempié científico con Deborah, a la que agradezco haber dedicado un tiempo de su ocupada agenda a responder estas preguntas y hacerlo de una manera tan extensa, qué menos que dejar una pequeña reseña de su primer libro (ojo, para quién le interese está en “parrilla de salida” el próximo, “¡Qué se le van las vitaminas! Mitos y secretos que sólo la ciencia puede resolver“), que además para mí siempre guardará un recuerdo bonito, pues fue regalo de despedida después de más 8 años de trabajo extraescolar, a uno de mis alumnos. Así que, por si queréis saber mi opinión aquí os la dejo.

En “Todo es cuestión de química” (Editorial Paidós Ibérica ISBN: 9788449331886)  encontramos ciencia, historia y curiosidades de la química que nos rodea, pero sobre todo encontramos una forma de sentir la ciencia. De vivirla, de saborearla, de admirarla. A través de 12 capítulos, Deborah G.Bello, nos acerca al método científico, a la forma de explicar la ciencia con referencias gráficas y anécdotas entrañables, a mantener el sentido crítico (el menos entrenado de los sentidos, junto con el común) y a saber apreciar la belleza de la ciencia y el conocimiento que en ella se esconde. Muy de agradecer, el homenaje constante a la historia de la ciencia y curiosidades relacionadas (con especial atención a la relación de Napoleón y el color verde Scheele o el papel de la fenolftaleína y la II Guerra Mundial). Quizás extrañé la falta de algunas referencias a mayores a la bioquímica del organismo o a los avances en campos como la nanotecnología, pero es que una también tira para lo suyo. Sin duda es un libro para aquellos que aún no han descubierto la belleza de la ciencia (y la química en particular) pero también, para aquellos que ya hemos caído “con todo el equipo”. Como bien dice su frase promocional, “Todo es cuestión de química” es lo extraordinario de lo ordinario, en lo que a libros de divulgación científica se refiere. Y no debo estar muy equivocada; el jurado de los XXX Premios Prismas Casa de las Ciencias está de acuerdo conmigo.

¡Nos “leemos” en la próxima entrada!                                                                                TatianaDC

Fuente fotografías: http://www.dimetilsulfuro.es

Anuncios

2 pensamientos en “Un tentempié científico con… Deborah G. Bello.

    • Hola Marisa,

      Gracias de nuevo por tus palabras. Tengo alma de reportera dicharachera jeje (eso y que me responden a mis curiosidades, que podía ser que no fuera el caso).

      Un abrazo,
      TatianaDC

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s