Cuestiones históricas de la alimentación: mitos y tradiciones contadas de otra forma.

Hoy traigo uno de esos post “raros” pues quiere compartir dos cosas que aparentemente no tienen relación, y más en la forma que se presentan, pero en las que en el fondo, el contexto histórico es lo que las une. Por un lado repasaremos el programa “Nuevos mitos de los alimentos“, el programa de televisión en el que Alberto Chicote, a través de diversos métodos con base más o menos científica, trata de dar una respuesta a los principales mitos alimentarios con los que nos hemos ido “alimentando” a lo largo de la historia, que ya tuvo un anterior capítulo que repasamos aquí. Por otro lado, nos encontramos con un descubrimiento personal reciente, una especie de “spin-off” de la facultad de Historia y Geografía (cuya biblioteca no debéis perderos en vuestra visita a Santiago de Compostela), DeHistoria S.L.L.,  que a través de un maravilloso trabajo de investigación y divulgación, nos aportan nueva información (al menos para mí) sobre (y aquí entra la relación con el blog) los principales aspectos históricos que rodean a los principales alimentos de Galicia y sus recetas más tradicionales. Aunque su trabajo está fundamentalmente realizado en gallego y esto suponga para muchos de vosotros un handicap a la hora de leerlo, como gallega que soy, considero que es necesario reinvidicar la divulgación científica escrita y divulgada en gallego. A ver si algún día, cumplo con el deber moral que supone tal afirmación y también yo, escribo una entrada en mi idioma materno. No será fácil, pues estoy más acostumbrada a hablarlo que escribirlo (y como todo idioma tiene sus reglas ortográficas y gramaticales), pero seguro que podré contar con numerosa ayuda para hacerlo. Dicho esto, empecemos!

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¡Familia, quiero ser científica! #DíaInternacionaldelaMujerylaNiñaenlaCiencia

Con motivo del día que se conmemora hoy, 11 de febrero, el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, quería compartir con tod@s vosotr@s una pequeña reflexión personal que terminará con una especie de moraleja final para que, desde mi humilde posición, se pueda afianzar entre tod@s.

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Veréis, procedo de una familia en la que la primera titulada universitaria es servidora que os habla. Mi madre, tiene una profesión que, en principio, nada tiene que ver con la ciencia, mis abuelos son emigrantes retornados que apenas cuentan con los estudios básicos y el resto de los familiares más o menos directos, disponen de trabajos relacionados con el sector de servicios, por lo que mi contacto más directo con la ciencia tenía lugar a través de las aproximaciones que me ofrecían en el colegio y en el instituto. Es decir, nadie me inspiró directamente para alcanzar mi vocación científica. Podríamos decir que ésta, apareció y se desarrolló junto con mi persona, sin perder en intensidad o ápice en ningún momento, y esto, se lo debo a mi familia y mis profesores de biología de secundaria y bachillerato.

En el caso de mi familia, su colaboración y ayuda en cuanto a fomentar mi vocación científica partió básicamente del respeto y la ilusión por verme feliz haciendo lo que me gustaba. No había día que en los innumerables paseos con mi abuelo por las sendas y caminos de mi aldea, no me explicara como eran los árboles frutales y no frutales que nos encontrábamos durante el paseo, cómo podían mejorarse a partir de los injertos y las podas (podéis leer mi homenaje a su recuerdo aquí) de los pájaros y/o animales varios que podíamos ver (para el recuerdo aquel día que me enseñó un sapo) o mediante dibujos y explicaciones curiosas, cómo eran las plantas que había en Brasil y cómo se comportaban ciertos animales, entre ellos los tucanes y los perezosos. De mi abuela siempre recordaré cómo me explicaba cómo eran y dónde estaban anatómicamente hablando, las diferentes partes de un cerdo, un conejo, un pollo o un pescado cuando se disponía a limpiarlos y/o prepararlos, cuando me enseñaba como eran y se cultivaban las diferentes plantas que producían las verduras y hortalizas que luego comía y por supuesto, cuando con una paciencia sin parangón me ayudaba a crear pequeños experimentos “captura-moscas” basados en disoluciones de composición variada (agua, jabón de lavajillas, aceite, vinagre, colonia, especies y el toque maestro, los restos de las verduras que anteriormente ella me había explicado cómo recoger y preparar) o preparar trampas para cazar caracoles y estudiar luego a qué ritmo o que trayectoria seguían, una vez que los liberábamos. De mi madre, podría decir muchas cosas porque ella me ha inspirado siempre el querer saber más, el no quedarme con lo que me decían el colegio y el saber de todo un poco, a través de lo que podía consultar en los libros pero sobre todo en la radio, su medio favorito. De su trabajo, aprendí que la moda le debe mucho a las matemáticas y que una modista, es una matemática de las telas y que éstas, además, también tienen su física y su química (sobre todo en cuanto a trucos de plancha se refiere). De sus dotes como repostera y cocinera, aprendí parte de lo que hoy supone este blog, que la cocina también tiene ciencia química, matemática, física y biológica. Sin olvidar, sus constantes enseñanzas sobre los diferentes tipos de plantas ornamentales, sus orígenes y sus cuidados así como de muchas plantas y/o arbustos silvestres (moras, digitales, etc).

Gif dedicado a Mummy Louise

Gif dedicado a Mummy Louise

A partir de esto, surgió otro de mis primeros experimentos, aquel que intenté un verano de mediados de los noventa, cuando ante una hipótesis tan singular cómo la de que los flósculos de las margaritas (su parte amarilla central) podían tener un efecto beneficioso sobre la piel, acabó por causarme un brote agudo de urticaria en las manos y la exterminación total del cultivo de margaritas de mi querida madre. A pesar del fracaso, esto dio pie a que intentará aplicar otras hipótesis sobre otros tipos de plantas, como cuando quise obtener cremas hidratantes apretujando miles y miles de flores de avena (con intento de plan de empresas y todo) o cuando queríamos obtener un tinte natural a base de romper y romper hojas de celidonia. Viéndolo en perspectiva, no tenía compasión alguna con las plantas.

Con la llegada al instituto, esto no hizo más que crecer (aunque mi afán homicida de plantas se rebajó muchísimo) y todo esto gracias a un profesor de biología y geología, Jose Luis Vergara Rey, quien a través de su forma de explicar la biología a través de vídeos y clases prácticas ayudó a que decidiera dejar fluir mi verdadera vocación que luego se reafirmó con las enseñanzas de biología molecular que recibí por parte de Manuel Vilariño. Y después de todo este periplo, acabé en Santiago de Compostela estudiando lo que creo que desde pequeña estaba destinada a estudiar, la licenciatura en biología.

Jamás hubo una frase o discurso por parte de mi familia que me llevara a pensar que no valía, que era una carrera sin salida profesional, que no me valdría para nada, etc. Que mejor que me dedicara a seguir los pasos de mi madre o que hiciera algo menos específico.  Si es cierto que mi abuelo, que era un hombre muy alejado en pensamiento de la época que le tocó vivir, si que llegado un momento me comentó que porqué no estudiaba una ingeniería, por que según él, estaría más valorada profesional y económicamente hablando que en la biología (para que veáis la grandeza de mi abuelo). Pero nunca se opuso, al contrario, tenía mucho orgullo cuando alguien le preguntaba sobre su nieta. Igual que mi abuela, mi madre y demás familiares directos; es más, no hay mejor difusora de este espacio que mi querida progenitora (insertar aquí el gif anterior de nuevo).

Y aquí es dónde viene mi moraleja final; padres, madres, abuelos/as, tíos/as y demás familia, nunca dejéis de enseñarle el mundo a vuestra niña, de explicarle, o al menos intentarlo, que ocurre en su día a día (en lo que come, en lo que ve, en lo que lee, en lo que escucha) de hacerla disfrutar de vuestra compañía y vuestro conocimiento sobre ciencia y tecnología, más rico en contenido o menos, pues no hay nada mejor para motivar y buscar una vocación científica que el haber sido acercada de una forma u otra, al mundo de la ciencia que nos rodea, por parte de aquellos a los que más queremos. Y para muestra, esta entrada de @Scientia (JM López Nicolas).

Yo tuve la suerte, de contar con una familia que siempre me enseñó, me respetó y alentó para hacer lo que realmente quería, fuera lo que fuese. Espero que aquellos que leeréis esta entrada y que tengáis o esperéis tener familia, os quedéis con este mensaje que quería lanzar en este día, en el que se busca la igualdad y el desarrollo profesional de todas las mujeres de ciencia, tanto las científicas como las tecnólogas, técnicas y profesionales que trabajan por y para la ciencia. Luchemos porque ese techo de cristal se rompa y que la mujer y la niña, sean consideradas como profesionales en igualdad de condiciones, sueldo y oportunidades. Y qué mejor manera que empezar a hacerlo desde el núcleo más importante, el de la familia.

¡Nos “leemos” en la próxima entrada!                                                                                     TatianaDC

Pd. #1 Y para que esto no quede en un sólo día, no os olvidéis que en este pequeño espacio bitacoril hay una sección de Mujeres de ciencia, de la que podéis leer las entradas dedicadas a tres grandes científicas que tuvieron más o menos dificultades en la realización de su trabajo: Harriette Chick, Gerty Cori y Marianne Grunberg-Manago. Próximamente… Marguerite Lwoff (ahí lo dejo 😉 )

Pd. #2. Por si queréis saber más sobre las diferentes mujeres de ciencia de la historia más antigua y reciente, os super-mega-recomiendo esta página http://mujeresconciencia.com