Ácido úrico y tomates, un mito más de la alimentación en relación con el metabolismo.

Harta de acudir con familiares, a su médico de cabecera a revisar los resultados de sus análisis clínicos y que éste, les recomiende no consumir tomates, alcohol y mariscos para rebajar sus niveles de ácido úrico, me he propuesto indagar en el tema y ver que hay de verdad en esa información, y cómo la alimentación influye en su metabolismo. Así que, sin más dilación, arrancamos esta revisión sobre el ácido úrico, su metabolismo y como influye la dieta en sus niveles, ¿me acompañáis?

Cristales de ácido úrico y gota

El ácido úrico, también conocido como C5H4N4O3 o 7,9-dihidro-1-H-purina 2,6,8(3H) trionaI, es un metabolito producido endógenamente en hígado, músculo e intestino, como producto final de la degradación de las purinas, las bases nitrogenadas de los ácidos nucleicos (ADN y ARN). En el caso del ácido úrico, las purinas precursoras de este compuesto, son la guanina (G) y la adenosina (A) que pueden proceder o bien de alimentos de la propia dieta, o bien por un aumento en la velocidad de recambio de ácidos nucleicos en las células (causa asociada en la mayoría de las veces, a una subpatología clínica). Si seguimos su catabolismo, veremos que, a nivel intestinal, dichas bases nitrogenadas son degradadas a nucleósidos y bases libres por medio de la acción de nucleasas pancreáticas y deaminasas y fosforilasas intestinales. Como producto final de ambas rutas catabólicas, se forma la xantina, una base purínica precursora del ácido úrico pero también, de la cafeína y de la teobromina.

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Napoleón y las conservas de alimentos, el inicio militar de un avance científico-tecnológico.

Retomamos la sección de historia de ciencia del blog, con una entrada dedicada a las conservas de alimentos. ¿Por qué? Pues, primero por su importante papel en materia de seguridad alimentaria y segundo, por la historia tan peculiar de sus orígenes (de ahí el título de la entrada), donde se mezclan importantes avances en ciencia y tecnología.

Conservas

La historia del origen de las conservas de alimentos, se remonta al siglo XVIII, cuando en el año 1791 Francia se encontraba en plena ruina económica y militar. La falta de suministros, de alimentos en estados aceptables conservados durante ciertos períodos de tiempo, o de comida fresca como avituallamiento para las tropas, causaba numerosas bajas entre los militares que luchaban día a día por la defensa de sus estados y reinos. Esto llevó a que en el 1795, el gobierno francés de Napoleón Bonaparte ofreciera un premio de 12.000 francos (unos 25.000 euros de ahora) a quién encontrara, un proceso que permitiera hacer duraderos durante largo tiempo los alimentos, para abastecer la campaña de su ejército.

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