Yuca transgénica, aplicación de la biotecnología verde frente a la malnutrición.

Todos hemos leído u oído alguna vez en los medios de comunicación, noticias o reportes sobre  la existencia de un nuevo alimento transgénico, también conocido como OMG (organismo modificado genéticamente), que será comercializado o bien está siendo evaluado por las instituciones u organismos competentes en materia agroalimentaria, para su introducción en la agricultura o en el mercado del consumo. Normalmente se trata de alimentos que reúnen una serie de características que benefician a su propia producción agrícola (mejora en el rendimiento de cultivo, resistencia a plagas o enfermedades, etc) aunque cada vez es más habitual, ver o leer también sobre investigaciones realizadas para mejorar la composición nutricional de los alimentos, lo que se conoce por biofortificación

Estos avances se consiguen a través de la puesta en práctica de diversas estrategias que definen lo que se conoce como biotecnología verde. Entre ellas destacan: expresión una única proteína de interés (con una determinada composición de aminoácidos), expresión de genes que codifican para una enzima (para la síntesis endógena de un nuevo compuesto no presente anteriormente en el alimento) o silenciamiento de otros (cambios en rutas metabólicas para generar nuevos productos metabólicos) así como represión de la producción endógena de un determinado compuesto (caso de sustancias alérgenas). Uno de estos casos es el que se observa en el caso de la yuca (Manihot esculenta).

La yuca o mandioca (Manihot esculenta) es un arbusto originario de Brasil con presencia ampliamente extendida en otras regiones tropicales de África y Asia. Su raíz, de aspecto similar al boniato y muy rica en almidón, constituye la base de la alimentación de más de 800 millones de personas en el mundo (tercera fuente de calorías mundial), siendo el alimento de subsistencia en la mayoría de los casos debido a las características de su cultivo, recolección, rendimiento en la producción de azúcares y su capacidad de recuperación ante enfermedades y plagas. La parte comestible (la raíz) constituye el 80% del peso en seco de la planta y se consume cocida, procesada en gránulos, pastas o harinas. Algunos países de África y Asia consumen las hojas de la planta para una mayor extracción de los nutrientes, pero se trata de un uso escaso. También es salientable su uso con fines comerciales o para la alimentación animal. 

Sin embargo a pesar de todas estas características, la raíz de la yuca posee un escaso valor nutricional, conteniendo solo un 1,5% de proteínas (frente al 7% del trigo) siendo especialmente pobre en aminoácidos sulfurados esenciales como la metionina y la cisteína, vitaminas, hierro, zinc o carotenoides como licopeno, la luteína y el betacaroteno (pro-vitamina A). Son estas deficiencias nutricionales y el hecho de que sea tan ampliamente consumida como alimento base de la dieta, las razones fundamentales que han llevado a los científicos a realizar la biofortificación de la yuca. 

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Cronología histórica de los avances en técnicas y medios de cultivo celular.

Siguiendo con la dinámica de otras entradas dedicadas a técnicas o procedimientos habitualmente realizados en los laboratorios de investigación, hoy toca dedicarle una a las mejoras, históricamente introducidas, en la técnica de cultivo celular (conjunto de técnicas que permiten el mantenimiento de células in vitro, preservando al máximo sus propiedades fisiológicas, bioquímicas y genéticas) y en la fabricación de medios de cultivo celular. Sin duda resultaron y resultan muy importantes, puesto que, estos cultivos celulares son óptimos para trabajos de investigación básica, estudios de ingeniería genética y/o producción de compuestos biológicos como, por ejemplo, vacunas virales.

Cultivo celular

El primer investigador en darse cuenta de la gran potencialidad del cultivo celular como técnica de mantenimiento de células in vitro, fue Wilhem Roux, embriólogo alemán quién, en 1885, cultivó células de embrión de pollo en solución salina durante días. Con este experimento, demostró que las células embrionarias podían sobrevivir sin requerir la presencia de un organismo que las mantuviera vivas en su interior. Esto llevó a que, en el siglo XX, se desarrollara esta técnica con el fin de dar una explicación a los procesos fisiológicos, destacando en este aspecto, los trabajos del zoólogo americano Ross Granville Harrison sobre cultivos de médula espinal embrionaria de anfibios para explicar la formación del axón de las neuronas.

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