La historia de Svedberg y la primera ultracentrífuga.

En este proceso de dar un humilde homenaje histórico a las técnicas más rutinarias que se pueden realizar en un laboratorio de ciencias, era hora de dedicarle una entrada a la técnica de la centrifugación. Basada en el principio de fraccionamiento mediante sedimentación de las moléculas contenidas en una mezcla heterogénea y surgida por la interacción entre los principios de la física básica y la química práctica, tuvo y tiene una gran aplicación directa sobre el análisis de enzimas y moléculas constituyentes; obteniendo con ella además , información sobre la estructura y peso molecular de las mismas.

Desde los primeros años de formación académica hemos aprendido que los ribosomas, esos orgánulos en forma de gránulos presentes en el citoplasma celular, se dividen en dos subunidades: la subunidad mayor o 50S y la subunidad menor o 30S. Y por qué menciono esto en esta entrada? Pues, por que los valores de 50S y 30S hacen referencia al Svedberg o sv, unidad de medida del coeficiente de sedimentación de esas macromoléculas constituyentes de los ribosomas. Reciben este nombre gracias al científico sueco Theodor Svedberg, protagonista de esta entrada gracias a su contribución como pionero en la creación de la ultracentrífuga.

ribosom

Theodor Svedberg, nacido el 30 de agosto de 1984, en Flërang al norte de la ciudad de Uppsala (Suecia), físico-químico por la Universidad de Uppsala destacó como experto en el estudio de coloides y macromoléculas así como en la caracterización de un nuevo método para producir partículas coloides que sirvieran de confirmación para la teoría propuesta por Albert Einstein y Marian Smoluchowski acerca del movimiento browniano, siendo así uno de los primeros científicos en verificar la relación entre este movimiento y la existencia de moléculas. Gracias a estos trabajos, que contribuyeron también a la creacción de la ultracentrífuga, obtuvo en el 1926 el Premio Nobel de Química.

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La prueba PTC y la evolución del sentido del gusto.

¿Alguna vez te has preguntado, por qué ciertas personas son capaces de diferenciar entre varios sabores? ¿Eres de los que al probrar un poco de limón crudo, un café muy cargado  y/o una pizca de guindilla crees ver las estrellas a nivel del paladar? Pues esta entrada, es para ti.

Se define el gusto como una sensibilidad o sensación producida por estímulos químicos, donde ciertas sustancias contenidas en alimentos y bebidas, interacciónan con los receptores gustativos ubicados en los corpúsculos gustativos de las papilas fungiformes, calciformes y foliadas que forman parte de la mucosa especializada, que tapiza la zona dorsal o cara superior de la lengua. Aunque menos, los corpúsculos gustativos también pueden estar presentes: en el paladar blando, la superficie dorsal de la epiglotis y la parte posterior de la faringe.

Son 5 los sabores o estímulos químicos a los que reaccionan los corpúsculos gustativos: dulce, saldado, ácido, amargo y umami; sí, hay un quinto sabor denominado umami (significa sabroso en japonés) que es el sabor presente en ciertos aminoácidos como el glutamato o aspartato presentes en alimentos comunes como espárragos, tomates, quesos y carnes,  aunque es más asociado al glutamato monosódico, aditivo que sirve para potenciar el sabor de los preparados alimenticios.

Aunque históricamente la detección de los sabores en la mucosa lingual se disponía siguiendo una topografía determinada (en la punta se detectaban los sabores dulces, más hacia atrás y lateralmente, los sabores salados y ácidos y los amargos, en las zonas más posteriores), pero diversos estudios han demostrado que hay sensibilidad a todas las calidades de sabores a lo largo de toda la superficie de la mucosa lingual. No obstante, es necesario reconocer que algunas regiones responden más a unos ciertos sabores que a otros.

Lengua, fisiología y zonas del gusto

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